Utiliza tan pocos condimentos como maquillaje, pues prefiere resaltar la esencia.
El té es su filosofía: claro, refleja luz, de sabor suave, algo floral, dulce y con poca astringencia.
Es experta en preparar café para aromatizar el corazón de una amiga.
Cocina desde el más sencillo, hasta el más elaborado platillo con el mismo amor con que cuida de su familia.
Es capaz de preparar un pastel lleno de fantasías y sueños que le recuerdan la niña que lleva por dentro.
Los vinos y los hombres son su debilidad, conoce poco de ellos pero aprecia su color, aroma y sabor.
Guarda sus viejos amores, como recetarios de cocina olvidados en el librero, que de vez en vez hojea para recordar los ingredientes.
sábado, 27 de febrero de 2010
domingo, 7 de febrero de 2010
La cuatro
Después de nuestras actividades de la mañana, hacer ejercicio, organizar la casa, dejar preparada la comida, los respectivos pagos o compras; nos encontrábamos en el café con regularidad, en punto de las 12:00 pm, solíamos sentarnos en la mesa cuatro.
Mi prima y yo compartíamos ese tiempo, disfrutando un americano con un chorrito de leche, antes de recoger a los hijos en la escuela. Aquellas largas charlas en donde arreglábamos y descomponíamos el mundo en tan solo hora y media, alguna vez concluimos que era más económico y con mejores resultados que una terapia en el consultorio de algún psicólogo.
A veces nos dábamos recesos o cambiábamos de café por convenir a la ruta de ese día, cuando eso sucedía, los empleados nos echaban de menos, éramos parte de la decoración del lugar.
Así pasamos muchos años de nuestras vidas, hasta que, en una de esas tardes, resolvimos uno de nuestros tantos proyectos. El cual nos coloco en diferentes puntos geográficos.
Extraño esas tardes de café, pero de vez en cuando nos encontramos y nos ponemos al corriente. Igual que siempre.
Señorita, la cuenta de la cuatro, por favor.
Mi prima y yo compartíamos ese tiempo, disfrutando un americano con un chorrito de leche, antes de recoger a los hijos en la escuela. Aquellas largas charlas en donde arreglábamos y descomponíamos el mundo en tan solo hora y media, alguna vez concluimos que era más económico y con mejores resultados que una terapia en el consultorio de algún psicólogo.
A veces nos dábamos recesos o cambiábamos de café por convenir a la ruta de ese día, cuando eso sucedía, los empleados nos echaban de menos, éramos parte de la decoración del lugar.
Así pasamos muchos años de nuestras vidas, hasta que, en una de esas tardes, resolvimos uno de nuestros tantos proyectos. El cual nos coloco en diferentes puntos geográficos.
Extraño esas tardes de café, pero de vez en cuando nos encontramos y nos ponemos al corriente. Igual que siempre.
Señorita, la cuenta de la cuatro, por favor.
jueves, 4 de febrero de 2010
Las amigas
Son casi las seis de la tarde, cuando entra por la puerta.
Joven, delgada, cabello castaño perfectamente recogido en un chongo, lleva una blusa blanca con discretas rayas que combinan con su pantalón beige. Observa por un instante el lugar, se sienta en el rincón preferido por los solitarios.
El barista la saluda y le ofrece el menú, ella le corresponde el saludo con una obligada sonrisa, le da un vistazo rápido y ordena: café frappe con chocolate y un panque.
Apura el frappe, el panque lo observa sin ganas, hace una llamada, paga su cuenta y espera impaciente mientras sus ojos se llenan de silenciosas lágrimas.
Minutos más tarde entra por la misma puerta otra joven, se dirige a ella. Se abrazan por un instante, el rostro se le ilumina y sonríe, salen juntas del café.
Joven, delgada, cabello castaño perfectamente recogido en un chongo, lleva una blusa blanca con discretas rayas que combinan con su pantalón beige. Observa por un instante el lugar, se sienta en el rincón preferido por los solitarios.
El barista la saluda y le ofrece el menú, ella le corresponde el saludo con una obligada sonrisa, le da un vistazo rápido y ordena: café frappe con chocolate y un panque.
Apura el frappe, el panque lo observa sin ganas, hace una llamada, paga su cuenta y espera impaciente mientras sus ojos se llenan de silenciosas lágrimas.
Minutos más tarde entra por la misma puerta otra joven, se dirige a ella. Se abrazan por un instante, el rostro se le ilumina y sonríe, salen juntas del café.
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