domingo, 7 de febrero de 2010

La cuatro

Después de nuestras actividades de la mañana, hacer ejercicio, organizar la casa, dejar preparada la comida, los respectivos pagos o compras; nos encontrábamos en el café con regularidad, en punto de las 12:00 pm, solíamos sentarnos en la mesa cuatro.

Mi prima y yo compartíamos ese tiempo, disfrutando un americano con un chorrito de leche, antes de recoger a los hijos en la escuela. Aquellas largas charlas en donde arreglábamos y descomponíamos el mundo en tan solo hora y media, alguna vez concluimos que era más económico y con mejores resultados que una terapia en el consultorio de algún psicólogo.

A veces nos dábamos recesos o cambiábamos de café por convenir a la ruta de ese día, cuando eso sucedía, los empleados nos echaban de menos, éramos parte de la decoración del lugar.

Así pasamos muchos años de nuestras vidas, hasta que, en una de esas tardes, resolvimos uno de nuestros tantos proyectos. El cual nos coloco en diferentes puntos geográficos.

Extraño esas tardes de café, pero de vez en cuando nos encontramos y nos ponemos al corriente. Igual que siempre.

Señorita, la cuenta de la cuatro, por favor.

1 comentario:

JOSÉ ROMERO dijo...

Es curioso pero todos recordamos algún café donde pasamos buenos momentos. Regresan a nuestra memoria de tiempo en tiempo. Y en algunos otros apenas estamos construyendo esos buenos momentos. Felicidades por tu nuevo esfuerzo. ya espero la siguiente historia.