Son casi las seis de la tarde, cuando entra por la puerta.
Joven, delgada, cabello castaño perfectamente recogido en un chongo, lleva una blusa blanca con discretas rayas que combinan con su pantalón beige. Observa por un instante el lugar, se sienta en el rincón preferido por los solitarios.
El barista la saluda y le ofrece el menú, ella le corresponde el saludo con una obligada sonrisa, le da un vistazo rápido y ordena: café frappe con chocolate y un panque.
Apura el frappe, el panque lo observa sin ganas, hace una llamada, paga su cuenta y espera impaciente mientras sus ojos se llenan de silenciosas lágrimas.
Minutos más tarde entra por la misma puerta otra joven, se dirige a ella. Se abrazan por un instante, el rostro se le ilumina y sonríe, salen juntas del café.
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