Despierta muy temprano, revisa por encima la lista de cosas que hacer, la elabora todas las noches antes de dormir, la escribe solo por si acaso, pero la memoria no le falla.
Ligera, se levanta de la cama, calza sus sandalias siempre de tacón, su andar se escucha por toda la estancia. Lava sus dientes y cepilla su pelo, se da un vistazo en el espejo, pero prefiere no ver las arrugas, reconoce su edad, solo cuando hace la cuenta.
Se dirige a la cocina y mientras prepara su desayuno, va organizando las cosas de la comida. Todos los días desayuna lo mismo: papaya y plátano con miel de abeja, zumo de naranja, media bomba tostada con nata y un arcoíris de píldoras.
Se para de la mesa, da una recogida ligera, se baña y arregla, es esbelta, elegante y vanidosa. Es hora de comenzar a poner palomitas a la lista, lo primero que hace es llamar por teléfono a su hija y con eso, se deshace de la mitad de la lista. Satisfecha, toma el bolso, las llaves y sale caminando por la calle.
Va a la mercería a comprar estambre para tejer el tiempo, después visita al zapatero que le extendió la vida a sus zapatos viejos, recuerda pasar con el joyero que desde hace días le dejo los aretes que va a lucir en el próximo concierto. A su paso se encuentra un árbol de guayaba, lo sacude un poco, recoge los frutos y los guarda en el bolso. Al pasar por la panadería, el aroma del pan recién horneado, le recuerda reponer las bombas. Saliendo de ahí se topa con otro árbol de guayaba, no se resiste y recoge más frutos. Sopesa el bolso, pues aun tiene que pasar al mercado. Ya en el mercado, comprueba los pesos que se ahorró con su cosecha y sonríe para ella. De regreso, un tercer árbol de guayaba; en su sombra, los pichos se dan un festín de guayabas. Brevemente los disfruta y apura su paso.
Llegando a casa pesa y lava las guayabas, las muele en la licuadora con un poco de agua, cuela y vierte la pulpa en una cacerola, le agrega de azúcar un veinte por ciento menos de lo que pesa la pasta, prende la lumbre de la estufa y en un par de horas hierve el aroma de la mermelada. Huele al recuerdo de mi madre, la mermelada de guayaba.
lunes, 29 de marzo de 2010
sábado, 27 de marzo de 2010
En un sueño
El, alargo su mano,
para acariciar su pelo.
Ella, se le colgó del cuello,
se miraron a los ojos
y sellaron su amor con un beso.
Despertó llorando,
se aferro a su sueño,
abrazó su almohada,
continuó durmiendo.
para acariciar su pelo.
Ella, se le colgó del cuello,
se miraron a los ojos
y sellaron su amor con un beso.
Despertó llorando,
se aferro a su sueño,
abrazó su almohada,
continuó durmiendo.
miércoles, 24 de marzo de 2010
La pintura
Tensa sobre el bastidor el lienzo, engrapándolo cuidadosamente, alisa la superficie y se dispone a hacer el boceto.
Con un carboncillo, contornea un rostro sobre el lienzo. Toma el pincel, lo empapa de oleo, y deja que este se deslice de memoria.
Pinta una mirada distraída, embelesada en sus historias y la ilumina con el brillo que emana cuando baila, al son de la música. Traza una nariz recta como sus convicciones, perfila la boca con la fuerza de sus palabras. Suavemente, marca las arrugas de la piel, que señalan el camino andado y corona el cabello con destellos plata, que distinguen, el pasar del tiempo.
Coloca la pintura a cierta distancia, la contempla por un instante, se impregna del aroma del aceite, de la sutileza de los colores y la naturalidad de los trazos. Admira y siente la obra como parte de sus huesos.
Toma una brocha saturada de pintura y la descarga con denuedo, sobre el lienzo, tratando de arrancársela por dentro.
Con un carboncillo, contornea un rostro sobre el lienzo. Toma el pincel, lo empapa de oleo, y deja que este se deslice de memoria.
Pinta una mirada distraída, embelesada en sus historias y la ilumina con el brillo que emana cuando baila, al son de la música. Traza una nariz recta como sus convicciones, perfila la boca con la fuerza de sus palabras. Suavemente, marca las arrugas de la piel, que señalan el camino andado y corona el cabello con destellos plata, que distinguen, el pasar del tiempo.
Coloca la pintura a cierta distancia, la contempla por un instante, se impregna del aroma del aceite, de la sutileza de los colores y la naturalidad de los trazos. Admira y siente la obra como parte de sus huesos.
Toma una brocha saturada de pintura y la descarga con denuedo, sobre el lienzo, tratando de arrancársela por dentro.
lunes, 15 de marzo de 2010
Quisiera…
Entrar en una pequeña biblioteca, atiborrada de libros, pasear por sus estrechos pasillos y encontrar ese ejemplar único buscado desde hace tiempo.
Examinar, sentir y oler desde la portada hasta la contraportada. Hacerlo mío; que sea compañía en el café, y distraiga en la antesala del dentista, que acorte el tiempo cuando espero y me arrulle antes de dormir.
Encontrar en sus páginas lo que anhelo, que su contenido de paz a mi alma, que hable de libertad, que diga: el miedo es una ilusión, el tiempo no existe, el amor esta en ti, la vida es tu elección.
Leerlo de principio a fin, como un cuento de hadas, con final feliz.
Examinar, sentir y oler desde la portada hasta la contraportada. Hacerlo mío; que sea compañía en el café, y distraiga en la antesala del dentista, que acorte el tiempo cuando espero y me arrulle antes de dormir.
Encontrar en sus páginas lo que anhelo, que su contenido de paz a mi alma, que hable de libertad, que diga: el miedo es una ilusión, el tiempo no existe, el amor esta en ti, la vida es tu elección.
Leerlo de principio a fin, como un cuento de hadas, con final feliz.
miércoles, 3 de marzo de 2010
Tatuaje
Detrás de las gafas, el artista abre un poco más sus ojos almendrados como si quisiera que ella lo mirara; pero la piel no tiene ojos, solo siente.
Con delicadeza el artista la prepara, como el pintor prepara un lienzo; le habla dulcemente explica el procedimiento y la distrae con sus palabras; de repente, el primer pinchazo hace que la piel se contraiga. El artista le dice: –tranquila, relájate es solo anestesia. La piel comienza a sentirse adormecida y el artista se dispone a plasmar su arte, con un puntero cargado de tinta, que trabaja de manera similar a una maquina de coser sobre la piel; ella no siente dolor, solo la molestia de las punciones ejercidas contra ella.
Un par de horas más tarde el artista da por terminada su obra, le receta una pomada para el dolor y la inflamación y con unas palmaditas de cariño, le susurra: -vas a estar bien.
La piel agotada por el ajetreo, se queda dormida. La anestesia cede y el dolor aparece.
Los días pasan, la piel se recupera del dolor, las heridas cicatrizan y los moretones desaparecen. Se siente mejor.
Al poco tiempo recibe una nota del artista en donde la invita a participar en una exposición de pieles. La piel acepta y asiste.
En el lugar se encuentran muchas pieles decoradas, las hay con animales, calaveras, símbolos celtas, dragones, felinos, hadas, duendes, flores e infinidad de decoraciones, pero ninguna tiene un diseño tan extraordinario como el de ella, ella lleva tatuada la ilusión.
Con delicadeza el artista la prepara, como el pintor prepara un lienzo; le habla dulcemente explica el procedimiento y la distrae con sus palabras; de repente, el primer pinchazo hace que la piel se contraiga. El artista le dice: –tranquila, relájate es solo anestesia. La piel comienza a sentirse adormecida y el artista se dispone a plasmar su arte, con un puntero cargado de tinta, que trabaja de manera similar a una maquina de coser sobre la piel; ella no siente dolor, solo la molestia de las punciones ejercidas contra ella.
Un par de horas más tarde el artista da por terminada su obra, le receta una pomada para el dolor y la inflamación y con unas palmaditas de cariño, le susurra: -vas a estar bien.
La piel agotada por el ajetreo, se queda dormida. La anestesia cede y el dolor aparece.
Los días pasan, la piel se recupera del dolor, las heridas cicatrizan y los moretones desaparecen. Se siente mejor.
Al poco tiempo recibe una nota del artista en donde la invita a participar en una exposición de pieles. La piel acepta y asiste.
En el lugar se encuentran muchas pieles decoradas, las hay con animales, calaveras, símbolos celtas, dragones, felinos, hadas, duendes, flores e infinidad de decoraciones, pero ninguna tiene un diseño tan extraordinario como el de ella, ella lleva tatuada la ilusión.
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