Tensa sobre el bastidor el lienzo, engrapándolo cuidadosamente, alisa la superficie y se dispone a hacer el boceto.
Con un carboncillo, contornea un rostro sobre el lienzo. Toma el pincel, lo empapa de oleo, y deja que este se deslice de memoria.
Pinta una mirada distraída, embelesada en sus historias y la ilumina con el brillo que emana cuando baila, al son de la música. Traza una nariz recta como sus convicciones, perfila la boca con la fuerza de sus palabras. Suavemente, marca las arrugas de la piel, que señalan el camino andado y corona el cabello con destellos plata, que distinguen, el pasar del tiempo.
Coloca la pintura a cierta distancia, la contempla por un instante, se impregna del aroma del aceite, de la sutileza de los colores y la naturalidad de los trazos. Admira y siente la obra como parte de sus huesos.
Toma una brocha saturada de pintura y la descarga con denuedo, sobre el lienzo, tratando de arrancársela por dentro.
2 comentarios:
La creación de un recuerdo en obra de arte que se lleva muy adentro, en la memoria y en el corazón. Y que impulsa a sacarla a punta de violentas pinceladas.
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