Detrás de las gafas, el artista abre un poco más sus ojos almendrados como si quisiera que ella lo mirara; pero la piel no tiene ojos, solo siente.
Con delicadeza el artista la prepara, como el pintor prepara un lienzo; le habla dulcemente explica el procedimiento y la distrae con sus palabras; de repente, el primer pinchazo hace que la piel se contraiga. El artista le dice: –tranquila, relájate es solo anestesia. La piel comienza a sentirse adormecida y el artista se dispone a plasmar su arte, con un puntero cargado de tinta, que trabaja de manera similar a una maquina de coser sobre la piel; ella no siente dolor, solo la molestia de las punciones ejercidas contra ella.
Un par de horas más tarde el artista da por terminada su obra, le receta una pomada para el dolor y la inflamación y con unas palmaditas de cariño, le susurra: -vas a estar bien.
La piel agotada por el ajetreo, se queda dormida. La anestesia cede y el dolor aparece.
Los días pasan, la piel se recupera del dolor, las heridas cicatrizan y los moretones desaparecen. Se siente mejor.
Al poco tiempo recibe una nota del artista en donde la invita a participar en una exposición de pieles. La piel acepta y asiste.
En el lugar se encuentran muchas pieles decoradas, las hay con animales, calaveras, símbolos celtas, dragones, felinos, hadas, duendes, flores e infinidad de decoraciones, pero ninguna tiene un diseño tan extraordinario como el de ella, ella lleva tatuada la ilusión.
4 comentarios:
Me sorprendes aún más. Parece que ya tienes experiencia en este oficio. O eres acaso una narradora innata? Y en tu caso, entonces, no es cuestión de aprender, tan solo de pulir. Felicidades.
será cuestión...gracias por tu comentario.
Me gusta tia, tu siguele!
Karen, gracias por las porras!
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