Tengo una cajita de música, es mi tesoro más preciado, la llevo siempre muy cerca de mí. Es de porcelana, pintada a mano con delicados trazos de flores, de diversos matices. Todos los días le dedico el tiempo necesario para que mantenga su brillo.
En su interior, tiene una hermosa bailarina, viste un corpiño ceñido con tutú y mallas, calza unas puntas amarradas a los tobillos con listón, todo en color rosa, usa el pelo recogido sobre la nuca, completa el atuendo con una delicada tiara dorada encima de su cabeza, cual princesa.
Ella sabe que es una cajita especial, se deja mimar. Cuando la abro, se escucha una exquisita melodía, la bailarina comienza a girar y girar sin parar. Me emociona el verla bailar.
jueves, 29 de abril de 2010
sábado, 24 de abril de 2010
Desfile de carnaval
Como un carnaval multicolor, desfilan por el café. Algunos llegan en comparsa, otros en pareja y otros más prefieren desfilar solos. Existen todo tipo de disfraces y mascaras, unos más elaborados que otros.
Está el de empresario que llega con su affaire del momento, a cerrar un gran negocio.
También está el de atolondrada, este es un diseño sui géneris, habla a gritos porque ella misma, no se escucha y no se entiende.
Hay una comparsa de mujeres, estas llevan un disfraz de santas, rezan y hacen del lugar su templo por un momento.
Otra comparsa de mujeres más jóvenes usan disfraz de estudiantes perfeccionistas, invaden la sala de libros, computadoras y ordenan quitar la música.
La más simpática de las comparsas, es la que lleva el disfraz de ama de casa, portan todas, un antifaz con una hermosa sonrisa dibujada, de oreja a oreja.
Suele llegar una mujer, es rara la que prefiere desfilar sola, esta usa un elaborado disfraz de psicóloga, que a falta de pacientes se sienta a analizar a quien se deje.
Los hombres, acostumbran llevar disfraces muy llamativos, está el de escritor buscando inspiración, el de lector empedernido que quiere hacer del espacio una biblioteca, no podía faltar el de galán que liga todo lo que semeje una falda. Y como no, la comparsa de los que van disfrazados de motociclistas. Llevan: cascos, chamarras negras, guantes y hasta un banderín que recita “yo soy, mi moto”.
Se acerca regularmente una pareja, portan un disfraz perfectamente combinado uno con el otro. Es un disfraz cautivador, siempre ocupan el mismo sitio y siempre consumen lo mismo, ¿será este nuevo romance, igual al anterior?
Y así todos los días hay un singular desfile, con distintos disfraces y mascaras que llenan el café de alegría, luz y color.
Está el de empresario que llega con su affaire del momento, a cerrar un gran negocio.
También está el de atolondrada, este es un diseño sui géneris, habla a gritos porque ella misma, no se escucha y no se entiende.
Hay una comparsa de mujeres, estas llevan un disfraz de santas, rezan y hacen del lugar su templo por un momento.
Otra comparsa de mujeres más jóvenes usan disfraz de estudiantes perfeccionistas, invaden la sala de libros, computadoras y ordenan quitar la música.
La más simpática de las comparsas, es la que lleva el disfraz de ama de casa, portan todas, un antifaz con una hermosa sonrisa dibujada, de oreja a oreja.
Suele llegar una mujer, es rara la que prefiere desfilar sola, esta usa un elaborado disfraz de psicóloga, que a falta de pacientes se sienta a analizar a quien se deje.
Los hombres, acostumbran llevar disfraces muy llamativos, está el de escritor buscando inspiración, el de lector empedernido que quiere hacer del espacio una biblioteca, no podía faltar el de galán que liga todo lo que semeje una falda. Y como no, la comparsa de los que van disfrazados de motociclistas. Llevan: cascos, chamarras negras, guantes y hasta un banderín que recita “yo soy, mi moto”.
Se acerca regularmente una pareja, portan un disfraz perfectamente combinado uno con el otro. Es un disfraz cautivador, siempre ocupan el mismo sitio y siempre consumen lo mismo, ¿será este nuevo romance, igual al anterior?
Y así todos los días hay un singular desfile, con distintos disfraces y mascaras que llenan el café de alegría, luz y color.
lunes, 12 de abril de 2010
Su amante
Escucha que la llama, sale al balcón a su encuentro, lo observa, inhala su aroma a sal y deja la seduzca con sus húmedos besos, como las flores dejan besar, sus pétalos por el sereno.
Acaricia suavemente su rostro, como el andar de las nubes por el cielo; la despeina, sin miramiento, como el aire desgreña las palmeras; toca sus senos, se deleita en ellos, como los árboles rozan sus ramas con el viento; palpa milímetro a milímetro todo su cuerpo, como la neblina se filtra sobre el suelo; se abraza a sus caderas, como el mar rodea la escollera; se cuela entre sus piernas, con un sutil movimiento, como el vaivén de las olas, mar adentro.
Se estremece con el estruendo, que azota la fuerza, de su amante el viento.
Acaricia suavemente su rostro, como el andar de las nubes por el cielo; la despeina, sin miramiento, como el aire desgreña las palmeras; toca sus senos, se deleita en ellos, como los árboles rozan sus ramas con el viento; palpa milímetro a milímetro todo su cuerpo, como la neblina se filtra sobre el suelo; se abraza a sus caderas, como el mar rodea la escollera; se cuela entre sus piernas, con un sutil movimiento, como el vaivén de las olas, mar adentro.
Se estremece con el estruendo, que azota la fuerza, de su amante el viento.
martes, 6 de abril de 2010
Instrucciones para elegir
Desde el momento de la concepción elegimos vivir, de ahí, toda nuestra vida es una elección, ¿de qué sabor quiere el helado? de vainilla o chocolate, ¿qué color prefiere? rojo o azul, y así, vamos eligiendo a lo largo de nuestras vidas. Elegimos del menú de un restaurante, la música que escuchamos, la ropa que usamos, los amigos que frecuentamos, los libros que leemos, la carrera que estudiamos, elegimos a la pareja, la mascota, hasta nuestros gobernantes son elegidos por nosotros, en fin, todo o casi todo.
Nacemos con la capacidad de elegir, pero es mitigada casi siempre por nuestros padres; que creen, somos muy pequeños para saber qué es lo mejor para nosotros, hasta que un día nos enfrentamos a la realidad, de que todo lo que vivimos es el resultado de nuestras elecciones.
Pero nadie nos enseña a elegir, aprendemos a través del ensayo y el error.
Cuando de elegir se trata, hay que tener dos o más opciones de algo o alguien para un fin determinado. A veces ese algo, alguien o situación nos elije a nosotros, en cualquiera de los casos tenemos opción de elegir.
Primero observe las opciones, razone los pros y los contras de cada una de ellas, figure las consecuencias que resultarían de la elección de tal o cual, en la antítesis experimente entre una y otra. Por último considere cual es el resultado que le gustaría y en ese momento elija lo que crea más conveniente.
Todo este procedimiento hay que hacerlo a veces en una fracción de segundo, como por ejemplo: cuando se va conduciendo un vehículo y tiene que elegir un camino determinado.
Elegir es una responsabilidad que debe asumir usted solo, así, si se equivoca no tendrá manera de achacar a nadie él desacierto. Es válido errar. Pero los disparates tienen consecuencias que a veces afecta a terceros.
Siga los pasos anteriores para elegir lo que le haga feliz o puede no hacerlo. Es su elección.
Nacemos con la capacidad de elegir, pero es mitigada casi siempre por nuestros padres; que creen, somos muy pequeños para saber qué es lo mejor para nosotros, hasta que un día nos enfrentamos a la realidad, de que todo lo que vivimos es el resultado de nuestras elecciones.
Pero nadie nos enseña a elegir, aprendemos a través del ensayo y el error.
Cuando de elegir se trata, hay que tener dos o más opciones de algo o alguien para un fin determinado. A veces ese algo, alguien o situación nos elije a nosotros, en cualquiera de los casos tenemos opción de elegir.
Primero observe las opciones, razone los pros y los contras de cada una de ellas, figure las consecuencias que resultarían de la elección de tal o cual, en la antítesis experimente entre una y otra. Por último considere cual es el resultado que le gustaría y en ese momento elija lo que crea más conveniente.
Todo este procedimiento hay que hacerlo a veces en una fracción de segundo, como por ejemplo: cuando se va conduciendo un vehículo y tiene que elegir un camino determinado.
Elegir es una responsabilidad que debe asumir usted solo, así, si se equivoca no tendrá manera de achacar a nadie él desacierto. Es válido errar. Pero los disparates tienen consecuencias que a veces afecta a terceros.
Siga los pasos anteriores para elegir lo que le haga feliz o puede no hacerlo. Es su elección.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
