sábado, 24 de abril de 2010

Desfile de carnaval

Como un carnaval multicolor, desfilan por el café. Algunos llegan en comparsa, otros en pareja y otros más prefieren desfilar solos. Existen todo tipo de disfraces y mascaras, unos más elaborados que otros.

Está el de empresario que llega con su affaire del momento, a cerrar un gran negocio.

También está el de atolondrada, este es un diseño sui géneris, habla a gritos porque ella misma, no se escucha y no se entiende.

Hay una comparsa de mujeres, estas llevan un disfraz de santas, rezan y hacen del lugar su templo por un momento.

Otra comparsa de mujeres más jóvenes usan disfraz de estudiantes perfeccionistas, invaden la sala de libros, computadoras y ordenan quitar la música.

La más simpática de las comparsas, es la que lleva el disfraz de ama de casa, portan todas, un antifaz con una hermosa sonrisa dibujada, de oreja a oreja.

Suele llegar una mujer, es rara la que prefiere desfilar sola, esta usa un elaborado disfraz de psicóloga, que a falta de pacientes se sienta a analizar a quien se deje.

Los hombres, acostumbran llevar disfraces muy llamativos, está el de escritor buscando inspiración, el de lector empedernido que quiere hacer del espacio una biblioteca, no podía faltar el de galán que liga todo lo que semeje una falda. Y como no, la comparsa de los que van disfrazados de motociclistas. Llevan: cascos, chamarras negras, guantes y hasta un banderín que recita “yo soy, mi moto”.

Se acerca regularmente una pareja, portan un disfraz perfectamente combinado uno con el otro. Es un disfraz cautivador, siempre ocupan el mismo sitio y siempre consumen lo mismo, ¿será este nuevo romance, igual al anterior?

Y así todos los días hay un singular desfile, con distintos disfraces y mascaras que llenan el café de alegría, luz y color.

2 comentarios:

JOSÉ ROMERO dijo...

Detrás del mostrador una mirada basta para penetrar en el alma humana. Sicología pura, con aroma de café.

Desirée dijo...

José, todos llevamos puesta una máscara, con la cual nos presentamos ante el mundo. El trabajo interno debe ser igualarla al alma, como un guante en la mano. Saludos