Escucha que la llama, sale al balcón a su encuentro, lo observa, inhala su aroma a sal y deja la seduzca con sus húmedos besos, como las flores dejan besar, sus pétalos por el sereno.
Acaricia suavemente su rostro, como el andar de las nubes por el cielo; la despeina, sin miramiento, como el aire desgreña las palmeras; toca sus senos, se deleita en ellos, como los árboles rozan sus ramas con el viento; palpa milímetro a milímetro todo su cuerpo, como la neblina se filtra sobre el suelo; se abraza a sus caderas, como el mar rodea la escollera; se cuela entre sus piernas, con un sutil movimiento, como el vaivén de las olas, mar adentro.
Se estremece con el estruendo, que azota la fuerza, de su amante el viento.
2 comentarios:
texto pasional como pocos y de una gran intensidad. Evitas lo vulgar, sugieres y de esta forma nos atrapas y estremeces. Felicidades.
José, gracias por la apreciación, y gracias por invitarme a este mundo de la escritura creativa, en verdad lo estoy disfrutando.
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