martes, 8 de junio de 2010

Manos de pianista

La ligera brisa hace valsar el toldo del café, se apetece estar afuera. Me instalo en la única mesa disponible acompañada de un cortado doble y de un libro.
Tras el texto, la apasionada charla de amigos me hace voltear a la mesa vecina. Llama mi atención sus manos: con una toma la cuchara, revuelve suavemente el café recién endulzado, con la otra sostiene la taza; de huesos largos, delgadas, de apariencia delicada como de pianista, hablan por sí solas, gesticulan, bailan con la musicalidad de las palabras.
Nuestras miradas se cruzan, se sonrojan mis pensamientos, inútilmente intento seguir el hilo de la lectura, no sin antes comprobar de reojo que aun me observa.