El domingo muy temprano
llegó su hijo para ayudarla a montar el kayak sobre el techo de la camioneta. Le
agradeció la ayuda y lo despidió pronto pues tenía trabajo que realizar.
Soñolienta, ató los
cabos y las cintas para sujetar bien el kayak al vehículo, echo apresurada todo lo
necesario para el viaje, se untó bloqueador en todo el cuerpo y se vistió con
su acostumbrado atuendo.
Apresuró el licuado de
fresa con avena y comprobando que no olvidaba nada subió a la camioneta y
condujo hasta el pueblo de Antón Lizardo.
Llegó puntual a la hora citada y espero la llegada de sus amigas
mientras desataba los cabos y las cintas que sujetaban el kayak. Pronto llegaron
sus compañeras de aventura se saludaron con cariño e iniciaron el trabajo en
equipo para desmontar los kayaks, hicieron básicos ejercicios de calentamiento
y una hora más tarde habían emprendido un viaje increíble.
Cuatro guerreras se
embarcan felices hacia la isla de Salmedina, remaron sobre un mar tranquilo
durante una hora. Al llegar desembarcaron para estirar las piernas, se
zambulleron en el agua salada para refrescarse y continuar la travesía hacia la
isla de Enmedio.
En seguida, siguieron su
camino; atravesaron el arrecife y se hicieron a mar abierto. El oleaje se
divirtió con ellas hasta que tocaron tierra, en donde compartieron el lunch,
hicieron snorkel bajo el muelle, cuna de un sin número de especies marinas, y
caminaron bordeando la isla y disfrutando del paisaje, tomando un poco de sol.
Atentas al viento y a la
hora del día emprendieron la ruta de regreso a través del arrecife Veracruzano,
haciendo uso perfecto del kayak y de la pala sortearon las olas que empujaban
desordenadas. Librando el obstáculo, se encaminaron a terminar el recorrido
arribando al mismo pueblo de donde salieron.
Llegaron exhaustas pero
con la sonrisa dibujada en el rostro, montaron kayaks, en organizado equipo,
compartieron un par de cervezas platicando animadamente, de la vida, de los
hombres, pero sobre todo de la primera expedición de mujeres valientes.
Llegó a casa agotada por
el trajín y se recostó sobre el sofá como acostumbra cuando quiere descansar, se quedó allí sumida en sus pensamientos…”Hoy acaricié el mar y él me regaló
una amplia gama de azules que a su vez acariciaron mi alma”.
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