Víctor Manuel ha dejado un nuevo comentario
¿Será que la identifiques?
Como suele ocurrir, los primeros intentos le fallaron. Sus lanzamientos ni siquiera alcanzaban a los odiados autobuses; pero la humanidad perfecciona sus herramientas, así que se adaptó el diseño a las posibilidades de la usuaria y en la siguiente oportunidad, el proyectil penetró a través de la ventana abierta del autobús e hizo un blanco rotundo. Como la Diana mitológica, nuestra protagonista, alcanzó el salón de la fama gracias a su buena puntería; pero con un globo lleno de agua arrojado a un objetivo en movimiento. Dicho así, parece poca cosa y sin embargo, no es tan fácil.
Piénsalo nada más: la velocidad del autobús en movimiento, el ancho de la ventana, la distancia de la casa a la calle, la fuerza de la tiradora, el primer globo especial, la parábola y atinar en la cabeza del vecino... Casi diríamos que para lo demás existe Master Card.
No hablemos de responsabilidades y menos de culpas, porque entonces cargábamos con toda facilidad en nuestras conciencias el endoso de una nueva tropelía a nuestros entrañables adultos.
Pueblo chico, infierno grande. Sin ofender, así podía ser aquel sitio, y por eso el “blanco” resultó conocido. El pasajero, casi vecino, naturalmente furibundo, escurriendo agua a chorros y con una rueda de bicicleta que completaba su ridícula imagen de víctima del atentado infantil, optó por bajar del camión para buscar a los responsables. Sin la precisión de la tiradora, hoy nos faltaría la risa que preside cada remembranza de este episodio, y sin aquellos adultos tan comprensivos, de verdad la cosa hubiese sido –entonces- un problema no tan simpático.
Como nota preventiva, si puedes identificarle, percibes alguna señal de que su agudo instinto asesino infantil regresó del sueño de la adultez, y tiene algún objeto cercano que te pueda arrojar, para luego reírse de ti, mejor corre por tu vida; y como veo yo las cosas, cualquier día puede suceder. Ya la vemos por aquí jugando con una pluma...
Lo anterior es un comentario que recién recibí en una de las publicaciones de este blog, es una hermosa historia de amor, complicidad de infancia y adolescencia, risas y eternas tardes de sobremesa.
Normalmente me haces reír, hoy lograste hacerme llorar. Pero no te distraigas, ¡mejor corre por tu vida!
Gracias Víctor o debería llamarte hermano. Desirée